10 de Mayo

Por Profa. Mayra Nuñez P.

En unos días estaremos a 10 de mayo -Día de las madres-, y creo oportuno platicarles la historia de esta mamá.


La señora Elena tenía dos hijas internadas en el Hospital Nacional de Nutrición; a una de ellas le iban a trasplantar un riñón, la otra sería la donante.


Para poder pagar los gastos, Doña Elena tejía durante las noches carpetas de hilo crochet para venderlas al día siguiente en el hospital, ya que no tenía ningún otro apoyo ni conocidos en la ciudad, pues venían de un pueblito de Guerrero.


Así estuvo poco más de un mes, en espera de que los médicos pudieran hacer la operación.


No obstante, Doña Elena siempre estaba de muy buen humor y nunca perdió la fe. Diariamente iba a la capilla del hospital a rezar.


Ninguna duda había de que la educación religiosa de Doña Elena influía enormemente en su personalidad y le permitía estar tranquila con la vida y con ella misma.


Doña Elena y yo platicábamos muy seguido. La iba a buscar al piso donde estaba con sus hijas y la invitaba a tomar algo en la cafetería del hospital.

En sus pláticas aprecié que era una persona muy inteligente, que tenía mucha sabiduría heredada de sus antepasados. Me platicó que su abuelo tenía una colección de libros de medicina antigua, y algo que realmente me dejo encantada fue su narrativa sobre su abuelo, quien era pintor de exvotos.


Los exvotos son pequeñas pinturas con escenas anecdóticas que agradecen a santos y vírgenes el alejamiento de la muerte inminente, retratan al favorecido en medio de paisajes extraños, con diablos, esqueletos o santos; el cuerpo de quien agradece; muestra los efectos de las enfermedades, de las heridas o accidentes.


Los exvotos se colocan en una parte de las capillas, con la esperanza y la fe de que van a recuperarse. Son muestras artísticas que se entregan como ofrendas, con la creencia de que van a ser favorecidos.


Finalmente, el 20 de diciembre, Doña Elena estaba feliz porque ese día salía del hospital con sus dos hijas, ambas recuperándose muy bien. Nos dimos un sincero abrazo y nos deseamos lo mejor.


Mujeres como Doña Elena deberían ser candidatas para el reconocimiento de “La Mujer del Año”.



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