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Algo cambió con la pandemia; las plataformas llegaron para quedarse


Aunque durante el final de año las salas de cine han vuelto a operar de forma regular, 2021 ha sido todavía un periodo incierto e irregular para los complejos cinematográficos. Para la Cineteca Nacional se ha tratado de una etapa de recuperación. “Vamos recuperándonos poco a poco, ya estamos arañando 50 por ciento de lo que había antes, de ese parangón de 2019, que lo vamos a tener ahí, como una sombra del mejor año. Volvernos a emparejar va a estar difícil”, admitió Alejandro Pelayo, director general del organismo de la Secretaría de Cultura federal.


Factores diversos como las medidas de prevención o el temor al contagio, además de la disminución en el aforo de las salas, han provocado una importante disminución de la asistencia. Los alrededor de 500 mil espectadores que acudieron a la Cineteca Nacional en 2021, equivalen apenas a 40 por ciento de los asistentes en 2019. La nueva normalidad “ha sido bastante más difícil en todo sentido. Por un lado porque esta pandemia se ha colgado ya demasiado, y por otro porque efectivamente nosotros pensábamos que la recuperación del público iba a ser más rápida”, indicó Nelson Carro, director de programación de la Cineteca.


“Nos acostumbramos al éxito, sin duda, teníamos un millón 300 mil espectadores y la gente llegaba sola. Ahora nos dimos cuenta que tenemos que empezar a trabajar de nuevo, o ver cómo se va resolviendo”, admitió Carro.


A pesar del panorama, el organismo cinematográfico logró mantener una oferta atractiva y alternativa de cine. Del total de películas estrenadas este año en la Cineteca, 40 por ciento de ellas han sido de producción mexicana. El diablo entre las piernas, la cinta más reciente de Arturo Ripstein, fue la octava más vista en el recinto; siendo además el filme nacional más taquillero en salas. El público también asistió en buena medida a ver Noche de fuego, Leona, ¿Qué les pasó a las abejas? y Feral.


Entre los filmes de origen extranjero se encuentra la cinta más taquillera del recinto, la ganadora del Óscar a mejor película extranjera, Una ronda más. Otras que también llamaron la atención de una gran cantidad de espectadores fueron La crónica francesa, del realizador Wes Anderson; Duna de Dennis Villeneuve; La voz humana, dirigida por Pedro Almodóvar y El padre dirigida por el cineasta Florian Zeller.


De los 134 estrenos y reestrenos, 57 películas fueron exhibidas únicamente en recintos como la Cineteca y el circuito cultural. “Estamos acercándonos a casi la mitad de las películas que pasamos, no las exhiben las salas comerciales, eso me parece importante para marcar esa diferencia”, destacó Carro.


Parte de esas proyecciones también provienen de las cintas producidas o estrenadas por servicios de streaming. “Nosotros creemos que ya es una tecnología que hay que aceptar, entonces tuvimos una buena cantidad de títulos que una o dos semanas después han estado en plataformas”, dijo Carro.


A diferencia de las funciones en salas que se vieron afectadas, los cursos que ofrece la Cineteca Nacional no dejaron de impartirse. Gracias a las formas de comunicación digital, no sólo se incrementó el número de alumnos, sino que además se pudieron ofrecer diplomados de cine incluso en lugares fuera de la Ciudad de México, como Jalisco y Tlaxcala.


“Hay algo que cambió para siempre con la pandemia. Todo el tema de las plataformas, a distancia, llegó para quedarse. No se va a volver atrás. Igual para con los cursos, con las conferencias de prensa, se han descubierto de alguna manera las posibilidades de lo virtual. Eso no va a cambiar, pero las dos cosas pueden coexistir”, sostuvo el director de programación.


Como muestra está la nueva sala virtual de la Cineteca, inaugurada este año con el objetivo de que en todo el país “puedan tener acceso a una programación similar, con los mismos criterios”, explicó Carro.


En la Cineteca también se continuó con el trabajo de restauración, “y creo que esa es la labor fundamental de una Cineteca: restaurar cosas porque ahí andan perdidas, olvidadas”, señaló Pelayo. Entre sus trabajos recientes, destaca el de La sombra del caudillo, película de 1960 dirigida por Julio Bracho, “y que ahora la vamos a poder ver, quizá muy cerca de cómo la concibió su director”, dijo.


Aunque la Cineteca Nacional cuenta con un presupuesto asignado, el organismo también depende de su taquilla. “Los ingresos propios son muy importantes para todo el resto de las actividades. Y si estamos hablando que este año tuvimos medio millón de espectadores, la cantidad de ingresos propios disminuyó más de 60 por ciento”, indicó Nelson Carro.


Para el director de programación, el asistir de manera presencial tiene ventajas más allá de mirar una historia. “No sólo es ver una película sino tener después la posibilidad de quedarse platicando sobre la cinta, de poder encontrarse con otros cinéfilos. Y eso, cuando uno las ve en su casa, es lo que más se pierde, la parte social de la función cinematográfica”, dijo Carro.


“Creo que es una cuestión de paciencia, y lo importante es que abrimos y que desde hace un par de meses estamos ya al cien por ciento. Eso es lo fundamental, es decir, no parar y que la gente tenga confianza, que tenemos todas las medidas. Y es un proceso de ir recuperando poco a poco”, manifestó el director, Alejandro Pelayo.


Sobre la nueva sede que tendrá el organismo cinematográfico en la cuarta sección del Bosque de Chapultepec, su director dijo que ya ha comenzado la construcción. En dichas instalaciones se contará con ocho salas con capacidades de 400, 200 y 100 personas.


A partir del 15 de enero del próximo año, la Cineteca Nacional retomará su trabajo de manera habitual, desde los ciclos de cine dedicados a algunos realizadores destacados hasta las funciones de clásicos en pantalla grande.



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