• Tercer Ojo Inform...

Cuidar a quienes amamos

Por Deborah Buiza



(¡Advertencia! Puede contener un spoiler)

Recientemente vi algunos de los capítulos de la mini serie “And Just Like That”, secuela de aquella famosa “Sex and the City” (1998-2004) que contaba la vida de unas amigas neoyorquinas, y algunas ideas que me han quedado rondando la cabeza me gustaría compartirlas como pretexto para poner sobre la mesa el tema de hoy de esta columna. Antes de seguir tendría que advertir que no soy experta en series, ni esta es una crítica especializada. ¡Ahora sí!


En un par de capítulos de la nueva serie el personaje principal, Carrie, tiene un problema de salud que requiere que alguien le ayude, incluyendo en lo más básico que es ir al sanitario. Dos de sus amigas, Charlotte y Miranda, le prestan ayuda de muy diferentes formas, con resultados distintos.


En una escena se ve a Carrie intentando levantarse de la cama para ir al sanitario y es Charlotte quien, casi cargándola la lleva al baño, ante la sorpresa por esta acción ella menciona orgullosa que en algún lado escuchó (o leyó, no recuerdo bien) que era necesario tener la fuerza suficiente para cargar o arrastrar al más pesado de sus hijos para en caso de emergencia poder asistirlo, y que ella pensando en eso se ha entrenado. Ella por la fuerza y habilidad que tiene puede asistir a su amiga que la necesita en ese momento.


¿Qué tan preparados estamos para poder ayudar a los que queremos y pueden llegar a necesitarnos?


En otra escena, Carrie es cuidada por su amiga Miranda, quien por estar atendiendo sus propios asuntos la “descuida” y se produce un momento bastante incómodo.


¿Cómo cuidamos a los que amamos? ¿Desde dónde lo hacemos?


Cuidar a los que amamos, y cuidarnos mientras lo hacemos, no siempre resulta una tarea sencilla por muy buenas intenciones que tengamos, dado que las personas somos muy diferentes, los vínculos que formamos también lo son y no todos los momentos requieren lo mismo e incluso, no siempre estamos en plena forma o con las condiciones óptimas para cuidar.


¿Qué tanto sabemos cuidar a los demás? ¿Qué tan disponibles estamos realmente para cuidarlos como necesitan?


No es tarea fácil, pero podemos empezar por dejar de lado lo que a nosotros nos gustaría por la experiencia que tenemos o por cómo somos y preguntar qué necesitan y cómo se sentirían cuidados, amados, acompañados y apoyados, escuchar atentamente, tomar nota, para posteriormente pasar a la acción.


Una buena estrategia podría ser preguntar específicamente qué necesitan de nosotros en ese momento: ¿Qué puedo hacer por ti para que te sientas mejor? ¿Qué puedo hacer para que sobrelleves mejor este momento? ¿Qué puedo hacer por ti para que sea menos incómodo esta situación? ¿Qué puedo hacer para que te sientas acompañado, cuidado, amado?


Las respuestas pueden ser tan distintas: tal vez sólo estar ahí, tomar su mano, o sujetar sus cosas, un mimo, un apapacho, una palabra de aliento, quizá sólo escucha, un café con panecito, una mantita, dar un abrazo, hacernos cargo de algún pendiente, cuidar a los pequeños unas horas, hacerse cargo de las mascotas o las plantas que se quedaron en casa, traer o preparar algo de comida, hacer una llamada, gestionar un trámite, llevar algún paquete, ponerle saldo al celular, etc., etc., etc.


No podemos solucionar todo, pero si podemos estar ahí, acompañar, cuidar y apoyar, mejor si es de la forma en que lo necesitan.


El otro tema es: ¿Cómo podrías cuidarte para poder cuidar a los que amas? pero lo voy a dejar para otra columna.


Mientras tanto te invitaría a no perder de vista que, si los otros nos interesan, podemos aprender a cuidarlos, porque el amor es cuidado y buen trato.


Y tú ¿quisieras aprender a cuidar mejor a los que amas?


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