De vida o muerte


Estaremos amenazados por la muerte y la crisis económica hasta que sean vacunados 89 millones de mexicanos y, entre ellos, 2 millones 100 mil sinaloenses.


El coronavirus dejará de reproducirse y circular hasta que, al menos, el 70 por ciento de la población tenga inmunidad.


Ese es el tema más importante, esa es la meta prioritaria.


Del profesionalismo, eficiencia y eficacia con que se realice el proceso de vacunación dependen las vidas y la economía de nosotros y de nuestras familias.


El caso más exitoso es el de Israel, que empezó el 20 de diciembre y ya ha logrado vacunar a poco más ¡del 15 por ciento de su población! (en primera dosis). Eso equivale a que en nuestro país ya se hubieran vacunado 19 millones de mexicanos y, en el estado, a 450 mil personas.


Israel podría alcanzar la inmunidad de rebaño el próximo mes de abril.


En los días de aplicación de la vacuna en la Ciudad de México se han evidenciado tres factores que deben mejorarse para evitar que el proceso de vacunación fracase.


El primero es la difusión de información científica que demuestre la importancia de vacunarse y rebata las fake news. Una encuesta de El Financiero encontró que 10 por ciento de los mexicanos no piensa vacunarse y que 56 por ciento va a esperar a ver cómo les va a los que sí se vacunen.


Desde el gobierno y las instituciones académicas deben, claramente, repetidamente y en forma rotunda, difundir las conclusiones de la ciencia. No hay lugar para un lenguaje confuso, diletante y, menos aún, para contradicciones con lo que se dijo antes y con lo que se hace.


Es un error que, con fines de imagen política, se ocupe tanto tiempo en decir que la vacunación es voluntaria, cuando no vacunarse no es un acto de libertad, sino de falta de información o de ignorancia.


Por supuesto que debe ser voluntaria la aplicación de la vacuna, pero basta con llevarlo al terreno de los hechos; no es necesario ocupar tanto espacio en la comunicación gubernamental.

Esto es, con no obligar a nadie es suficiente, y ocupémonos de informar bien. Las autoridades israelitas explican su éxito en que la comunicación estatal que dirige la vacunación es clara, concisa, masiva, hasta la saciedad. “Seis horas por cada medio de comunicación está dedicada a la educación y la transmisión de instrucciones precisas” a todo habitante, infantes, jóvenes, adultos, judíos o árabes por igual.


La pandemia es prácticamente, el único tema del gobierno, pero esta catarata abrumadora garantiza que “la población sepa a quién dirigirse y quién es el conducto que lo llevará a cumplir con sus deberes sanitarios”.


Esto nos lleva al segundo factor a corregir, la logística.


La aplicación de 45 mil vacunas en México sucedió entre aglomeraciones, influyentismo y confusión.


Debe haber una programación diseñada profesionalmente que evite filas largas donde la gente se contagie, y que aporte a las personas las indicaciones precisas de dónde, cuándo y en qué condiciones serán vacunadas.


Se requieren decisiones de efectividad del proceso y no de procuración de una imagen política.


La votante por Morena y economista Viridiana Ríos sostiene: “vacunar primero en zonas remotas es mala idea, nueve de cada 10 casos activos por COVID-19 se presentan en personas que residen en zonas metropolitanas. En cambio, en los municipios más remotos, el virus a veces no ha ni llegado”.


Se oye bonito que se va a empezar por las comunidades más alejadas, pero la realidad señala que el contagio es más posible en las zonas más densamente pobladas, con actividades en espacios cerrados, y que el 69 por ciento de las personas en situación de pobreza viven en las áreas urbanas.


El tercer factor es la necesidad de construir un eficaz sistema de monitoreo y evaluación del proceso, para que sea transparente y sea capaz de corregir los errores que se cometan.


El indicador central es el porcentaje de población vacunada, y no debe ocultarse o disimularse con el número de vacunas aplicadas. La inmunidad de rebaño se obtiene por la proporción de personas atendidas, no por la cantidad.


La información de quiénes, cuántos y cuándo han sido vacunados debe ser confiable, verificable y sin enredos entre las fuentes.


La vacuna es una gran esperanza para todos los que hemos sobrevivido; evitemos que un mal proceso de vacunación prolongue el dolor, el llanto, la pobreza y la muerte.


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