Desaparece la clase media

Mucho se ha escrito sobe el porfirismo o de los inicios de la Revolución, y se da una extraordinaria importancia a la efervescencia política que provocó la entrevista Porfirio Díaz - James Creelman.

Imagen: memoriapoliticademexico.org

Quiero en esta columna retomar dicha entrevista, para tener presente cómo se daban las cosas por aquellos años de 1908, ahora que el presidente Andrés Manuel López Obrador hace referencia en sus mañaneras a sucesos del pasado.


El Pearson’s Magazine publicó en su número correspondiente a marzo de 1908 el texto de la entrevista Díaz - Creelman; los periódicos provincianos la reprodujeron en su totalidad y la prensa de otros países publicó los pasajes más importantes y los comentarios respectivos. Díaz era una personalidad que había trascendido las fronteras.


Las palabras textuales de Díaz fueron: “No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios: me retiraré cuando termine el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez”.

¡Qué casualidad! Las mismas palabras que pronunció hace unos días López Obrador, cuando se le cuestionó si ha pensado en la reelección, lo cual ha negado una y otra vez, y lo que piensa de prologar el mandato del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, por dos años más, personaje al que ha enaltecido y revestido con grandes valores.


Y Zaldívar en silencio total respecto a la ampliación por dos años al frente de la Suprema Corte. El que calla otorga.


Después de las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica, a la Ley de Hidrocarburos y a la Ley de Telecomunicaciones, es claro que para López Obrador la Constitución carece de valor y, como Juan Vargas, el presidente municipal de la película “La Ley de Herodes”, le valdrá y cambiará la Constitución, cuyo artículo 97 establece claramente un período de 4 años para el presidente de la Corte, improrrogable y no sujeto a reelección.


En la entrevista de Díaz - Creelman se refiere a la clase media diciendo que gastan todas sus energías en política tumultuosa. La práctica sigue en pleno Siglo XXI, pero habría que añadir a los personajes de los cárteles de la droga, que son un distractor para la democracia por llevar las cosas a extremos sangrientos, una práctica a favor de quienes están en el poder: dejar que se maten unos a otros, mientras cambiamos la constitución a nuestro antojo.


Las actividades productivas de la nación mueren en las continuas luchas; hay una confusión terrible, hoy más que nunca, por una pandemia que usaron como anillo al dedo. La clase media ha desaparecido.


Díaz también habló en aquella entrevista de los indios -como él se refería a los pueblos originarios-. Menciona algo de suma importancia, por lo que no quiero subestimar su comentario, sino resaltarlo en esta columna: ha sido el grave problema de una confianza por parte de las poblaciones marginadas “delegar en sus autoridades sus destinos, en lugar de pensar por sí mismos”. Lo que han obtenido es más pobreza, sin educación y sin salud, mayor violencia en muchos estados de la República Mexicana. En conclusión, traición. Es la base de la democracia.


Algunos fragmentos de la entrevista:


El periodista norteamericano James J. Creelman llegó a México a mediados de noviembre de 1907 para entrevistar a Porfirio Díaz. Traía consigo una carta de presentación del presidente de los Estados Unidos Teodoro Roosevelt en la que inquiría a Porfirio Díaz si pensaba reelegirse y sobre las inversiones extranjeras en México.


La entrevista tuvo amplia difusión tanto en la prensa norteamericana como en la mexicana.

Es cierto también que una vez que se me confió el poder supremo por el Ejército se convocó a elecciones, y refrendado su voto para mí, el poder me fue conferido directamente, esta vez por el pueblo.


Como en el caso de Andrés Manuel López Obrador. ¿No será que está metido el espíritu de Díaz en López Obrador.


El hecho de que el precio de los valores mexicanos descendieron once puntos cuando estuve enfermo en Cuernavaca tenía tal evidencia para mí que me persuadió, al fin, a desistir de mi personal inclinación a retirarme a la vida privada.



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