El ulular de la tercera ola de covid comienza a hacerse presente en México

Mucha gente se ha confiado porque ya la vacunaron, pero a uno de los que atendimos el fin ya tenía su primera dosis y aún así se iba muriendo, relata un paramédico que alerta ante el aumento de traslados de covid-19 a hospitales.

Hace tres semanas, en la colonia Roma, conociste a Eduardo R, un joven paramédico que, además de aburrido, estaba fumando detrás del volante de una ambulancia para cuidados intensivos, una Ford ocho cilindros y de ocho años de antigüedad.


“Llevamos casi dos meses sin trasladar a ningún paciente covid”, se quejó mientras soltaba el humo. Hace rato te comunicaste con él para saber si sigue aburrido. “Justo estoy llevando a un paciente covid, te marco más tarde”, te ha prometido.


Mientras esperas a que te devuelva la llamada, recuerdas que Eduardo te contó que abril y mayo del 2020 han sido los peores meses de la pandemia. “En esos días las jornadas de trabajo duraban hasta 72 horas”, te dijo. “Como los hospitales quedaron rebasados, los pacientes se nos morían en las ambulancias.


Me acuerdo de un señor que, cuando llegamos por él, saturaba oxígeno apenas al 50 por ciento; falleció esperando a que se desocupara una cama en el IMSS”. Eduardo también te contó que en aquellos dos meses, abril y mayo del año pasado, un gran número de propietarios de ambulancias, tanto legales como piratas, se embolsaron lo que no se habían embolsado en muchos años.

“La gente se agandalló y cobraba hasta 25 mil pesos por trasladar tres calles a un paciente covid. La familia Ochoa, la del documental Familia de medianoche, hasta se compró nueva ambulancia, una 2016. Nosotros tenemos ocho ambulancias, por eso no cobramos más de 6 mil pesos por traslado”, te dijo y recordó que todavía en junio del 2020 no tuvo que medio matarse detrás del volante para ganarle al herido/paciente a otras ambulancias que también se desviven por los muertos.
“Tuvimos la suerte de que el gobierno de la ciudad contrató a todas las ambulancias legales porque no se daba abasto. Creo que nomás tenían cuatro”, te dijo. Después te contó que era tanta la carga de trabajo que hubo traslados a los que no acudieron. “No fue por culeros, sino porque tanta chamba”.

Te contó que para que una ambulancia fuera aceptada por el gobierno capitalino, necesitaba invertir en el equipo médico que solicitaban. “A algunos no les dio porque todo los artículos médicos subieron de precio: un tanque de oxígeno que normalmente cuesta 12 mil pesos, lo compramos en 45 mil. Las puntas para el oxígeno, de diez pesos subieron a 200. La caja de guantes pasó de 40 pesos a 150. Y así. Fácil, por ambulancia, invertimos como 70 mil pesos. Por eso mismo hubo quienes se encajaron cobrando por los traslados”.


Teléfono. Eduardo te devuelve la llamada.


“El paciente se nos estaba muriendo”, te cuenta. “Pudimos ingresarlo al Seguro Social, pero ya va muy mal. La gente sigue esperándose a estar medio muerta para pedir una ambulancia”.


Eduardo te platica que, desde hace una semana, su teléfono volvió a sonar para pedir traslados al hospital por covid-19. “Ya se está asomando la tercera ola”, te asegura. “No sabemos si será más fuerte que la de abril y mayo del año pasado o si se parecerá a la diciembre-enero”.


—Las estadísticas dicen que estuvo más fuerte la pandemia en diciembre-enero, ¿no?

—Sí pero, para la segunda ola, la gente prefirió curarse en sus casas, ya sea por miedo a morirse en el hospital o porque no tenían dinero para pagar la ambulancia.


Eduardo tiene que irse: ha recibido una llamada. Necesitan una ambulancia para un atropellado en la colonia Doctores. “Por mi salud, prefiero a un accidentando que a un contagiado. Pero todo es trabajo”, te dice mientras escuchas que enciende el motor y mientras echa a andar el ulular de la pandemia.


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