Hay solución, si priorizamos productividad e inclusión social



Nuestro país debe cabalgar profusamente sobre la revolución digital y requiere construir un nuevo sistema de protección social.


Estos son los carriles hacia una economía estructuralmente fuerte, no parches momentáneos.

Reabrir negocios no significa que se va a recuperar la economía.

La realidad económica cambió.


Es imprescindible un acuerdo nacional ante la crisis.


Tener prioridades es tener dirección, los “qué”, y de los “qué” derivar los “cómo”.


Quien tiene muchas prioridades, no tiene ninguna. Sus ciudadanos actúan aislados, sin rumbo, incluso chocando. Lo peor en una crisis.


Seremos una sociedad próspera si nos enfocamos en desarrollar nuestra productividad y en impulsar la equidad entre nosotros, como caminos de recuperación económica.


La eficiencia económica depende de reducir costos y aumentar la productividad. La digitalización venía siendo una forma eficaz de lograrlo y la crisis potenció su uso.


Es prioritario digitalizar la economía nacional. Es la forma de ser más productiva, aprovechar el T-MEC y no estar en desventaja con los líderes mundiales.


La recuperación económica implica reinventarse, adaptarse y buscar la demanda.

¿Cómo digitalizar la economía nacional? aventuro algunas propuestas, a las que necesariamente deben agregarse otras.


1) Legislando sobre ética, gobernanza y promoción;

2) acelerando el uso de tecnología en gobierno y servicios públicos;

3) construyendo infraestructura digital, de acervo de datos y de ciberseguridad;

4) estableciendo centros de investigación;

5) convirtiendo al sistema educativo en un desarrollador especializado de habilidades y capacidades;

6) atrayendo inversión y,

7) digitalizando especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas, al menos al 90 por ciento de ellas.


El reto es construir una prosperidad compartida. Si el crecimiento no es compartido, no será, no habrá crecimiento.


Las razones no son, solamente, éticas sino, también, de funcionamiento económico. Con un mercado interno tan deprimido, sin demanda, las cadenas productivas tendrán fracturas que les impedirán avanzar. Algún eslabón, empresa o persona, estará muy débil para producir o para consumir.


El objetivo mayor es evitar el incremento de pobreza y defender empleos.

Requerimos detonar un proceso simultáneo de aumentos de productividad y mejora de la protección social. No uno o lo otro, sino ambos.


Si no lo hacemos tendremos una consecuencia estructural: la sociedad mexicana se volverá más desigual en oportunidades y resultados. La trampa de la pobreza podría, incluso, enganchar a las siguientes generaciones.


La cohesión social se derretiría. Los afectados por la crisis sentirían que a la sociedad no le importa su drama. Privaría un ambiente de confrontación, desconfianza y desquite, no el de colaboración y unidad.


Para atender la urgencia inmediata se debe hacer frente al choque en el empleo mediante transferencias directas para que las familias afectadas puedan cubrir sus necesidades básicas. 1) apoyo para quienes están excluidos del mercado laboral;

2) apoyo temporal de ingreso a los trabajadores para que no se pierdan empleos y

3) apoyo temporal de ingreso a los trabajadores para crear empleos.


En cuanto a la necesidad estructural, que es construir un sistema de protección social integrado, sostenible fiscalmente y que minimice choques futuros, se debe:


1) Presupuestar 800 mil millones en el 2021 para el Fondo de Infraestructura Básica con el que se construye vivienda, electrificación, agua potable, saneamiento e infraestructura educativa. Con ello se reactiva la economía al tiempo que se supera la pobreza;

2) conformar un solo sistema de salud pública: la pandemia demostró que no se puede tener un sistema fragmentado; y

3) estructurar un sistema de seguridad social que garantice un ingreso básico ante situaciones de cesantía, invalidez y vejez.


Una política social adecuada a la época post Covid, donde el empleo fijo y para toda la vida no será el prevaleciente; la necesidad de recapacitación será incesante y las certidumbres no pueden ser dejadas al mercado, sino a la acción colectiva y pública.


El esquema de financiamiento que se usó para que funcionara el IMSS y el ISSSTE, el contributivo, se ha derrumbado. Es evadido, la mayor parte del empleo es informal; entrega pensiones insuficientes, mantiene instalaciones de salud precarias, y es inapropiado para la futura flexibilidad laboral. Hay que estructurar un nuevo esquema de financiamiento.


Para ir en estos pasos de éxito hay que crear un Consejo Fiscal del Congreso, que promueva la confianza ciudadana y las capacidades políticas necesarias para erigir un auténtico Estado fiscal.


Hay solución, redefinir nuestro curso de desarrollo, bajo la divisa de progreso económico regido por criterios de inclusión y unidad.


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