La contaminación de la aguas


El Programa Nacional Hídrico 2020-2024 (PNH) reconoce otro de los grandes pendientes de la gestión del agua en México.


La descarga de aguas residuales domésticas, industriales, agrícolas y pecuarias sin tratamiento provoca la contaminación de los cuerpos de agua superficiales y subterráneos, poniendo en riesgo la salud de la población y la integridad de los ecosistemas relacionados con el ciclo del agua.


Aunque la mayoría de las autoridades estatales y municipales y la sociedad civil expresan preocupación por la imposibilidad de mantener o ampliar la infraestructura de saneamiento esencial, lo cierto es que no parece ser un tema prioritario para ninguna de las tres instancias de gobierno.


A lo largo y ancho del país se pueden observar una gran cantidad de descargas de aguas residuales no tratadas que fluyen río abajo, y que inevitablemente contaminan los cuerpos de agua y representan graves riesgos para la salud de la población.


Según datos de la CONAGUA, las descargas industriales son las que más aportan contaminantes orgánicos y hasta 340% más contaminación que la generada por los municipios. A su vez, las industrias como las del petróleo, el acero y la minería representan el mayor riesgo de liberación de metales pesados, compuestos tóxicos, sustancias persistentes y bioacumulables.


La actividad agropecuaria, por su parte, es la principal fuente de contaminación difusa del agua y de contaminación por nitrógeno y fósforo.


Las regiones hidrológico-administrativas más contaminadas son la VIII Lerma-Santiago-Pacífico y la XIII Aguas del Valle de México, aunque la subcuenca del Alto Balsas también califica dentro de este grupo.


Según los datos publcados en el PNH, el 30% de las aguas residuales municipales que se colectan en los drenajes no reciben ningún tipo de tratamiento. El problema del insuficiente tratamiento del agua residual municipal se suma al de las aguas residuales no municipales, industriales, agrícolas, lixiviados de rellenos sanitarios, etc.


En general las plantas de tratamiento de aguas residuales son ineficientes, grandes consumidoras de electricidad y no cuentan con el mantenimiento adecuado para dar cumplimiento a las normas correspondientes. Al 2018 había 819 plantas abandonadas o sin operar, las que representaban el 24% de las plantas de tratamiento de aguas residuales a nivel nacional.


Aunado a lo anterior, los sistemas de recolección de las aguas residuales del país son insuficientes y están deteriorados. Se da el caso de regiones donde los agricultores prefieren que sus cultivos se rieguen con agua residual cruda y no con las aguas tratadas, por lo que no se aprovecha la capacidad de la planta. Además de revisar las concesiones e investigar posibles hechos de corrupción en las plantas de tratamiento de aguas residuales, es necesario trabajar junto con la población local para identificar las necesidades.


Igualmente, existen deficiencias en el diseño, la aplicación y la vigilancia de instrumentos de gestión, como es el caso de la verificación de aprovechamientos y descargas. Los accidentes de derrama y contaminación en cuerpos de aguas nacionales, aumentan también los riesgos de emergencias hidroecológicas, caracterizadas por su carácter inesperado y de evolución rápida, que alteran la calidad de los cuerpos de agua y ponen en peligro la biodiversidad acuática y a las poblaciones humanas expuestas. Sin duda, otro gran reto. #aguaparatodos



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