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Los errores de Xóchitl

Por Ricardo Burgos Orozco


Xóchitl Gálvez no ha cambiado casi nada desde que la conocí hace 25 años, en 1998: alegre, extrovertida, risueña, platicadora, sencilla, emprendedora e inteligente. Sin embargo, esos atributos no son suficientes para ser una buena candidata a la presidencia de la república, lo sabemos. Tiene que trabajar mucho para ser reconocida como aspirante seria, no sólo con sonrisas y buenas intenciones, sino con propuestas formales y con un buen equipo de trabajo que la respalde.

A diferencia de Claudia Sheinbaum Pardo, Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz no tiene detrás de ella a un genio de la comunicación política, a un manipulador de la realidad, a un personaje astuto, a un hombre con 60 por ciento de aprobación popular en su último año de gobierno como es Andrés Manuel López Obrador.

La aspirante hidalguense tiene que batallar con lo que tiene, que no es mucho y por eso se ha caído en la espiral ascendente en la que estaba cuando irrumpió como candidata advenediza a la presidencia del país. Xóchitl debe darse cuenta que no todo pueden ser risas, malas palabras, ocurrencias y contar su historia de lucha desde la pobreza y la marginación de niña hasta convertirse en una brillante empresaria con mucho valor para enfrentarse a las adversidades.

Es tiempo de integrar un buen equipo de trabajo. Aunque sea su gran amigo y su aliado, Santiago Creel Miranda no me parece un buen jefe de campaña. Es tibio, timorato, se esfuerza para tener un buen discurso, pero cae en frases comunes y se ve fingido cuando trata de contestar con firmeza a los cuestionamientos o ataques directos de la postura oficialista.

Santiago Creel estuvo ausente durante varias semanas y cuando regresó, reconoció que no ha sido fácil llegar a acuerdos entre los Partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y De la Revolución Democrática para arropar a Xóchitl en su campaña. Es decir, Creel Miranda no ha hecho su chamba como debe y dudo que lo vaya a hacer a cabalidad con el temperamento del que es conocido desde su época de funcionario en el gobierno de Vicente Fox Quesada.

El problema para Xóchitl Gálvez es que no hay muchos otros buenos elementos, de peso, para ser un buen coordinador de campaña. Javier Lozano Alarcón, exsenador y exsecretario de Estado con Vicente Fox, podría ser, pero le falta experiencia, capacidad y muchas ocasiones actúa visceralmente. Podría acabar peleando con gente del propio equipo de la candidata.

Xóchitl tampoco supo manejar la revelación del supuesto plagio de su documento de titulación de ingeniería. Primero lo mencionó muy a la ligera, con esa ocurrencia de que la pendejeó y luego se puso seria cuando mencionó la posibilidad de volver a escribir el texto con las correcciones adecuadas. Eso le pegó a su credibilidad de mujer y profesionista intachable.

Ya antes López Obrador había insertado la duda popular de que Xóchitl Gálvez era corrupta por ganar mil 700 millones de pesos con su empresa durante 10 años con contratos públicos y privados. Ella nunca lo ha sabido explicar a cabalidad y seriamente con datos duros.

La aspirante presidencial por el Frente Amplio por México, también tiene que fajarse los pantalones y poner en su lugar a los presidentes del PRI, PAN y PRD para que no sólo jalen agua para su molino, sino trabajen bajo su mando para fortalecer la candidatura presidencial. Va a ser difícil, pero si Xóchitl no ordena a Alejandro “Alito” Moreno, a Marko Cortés y a Jesús Zambrano, seguirá navegando sola y va a llegar más desinflada que en este momento a junio de 2024.

También debe ser Xóchitl quien decida a todas y todos los candidatos del Frente a los gobiernos estatales, jefe de gobierno de la Ciudad de México y alcaldías en los municipios y en la capital del país. También debe empezar a hacer propuestas serias. Ya se debe sentir su poder de coordinación, su fuerza política.

Dicen que para ser hay que parecer y Xóchitl Gálvez Ruiz ya debe creerse candidata a la presidencia de la república. Se le está acabando el tiempo, aunque parezca mucho todavía nueve meses de aquí a junio de 2024.

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