¿Resistirá el bloque opositor a las tentaciones?

Por Miguel Tirado Rasso

mitirasso@yahoo.com.mx


Con los resultados electorales del pasado 6 de junio, el PRI se convirtió en un hueso apetecible para el proyecto político de la 4T. Y es que, al no lograr Morena, el partido en el poder, conservar su ventaja de mayoría calificada que, durante la legislatura pasada, con el apoyo de sus aliados, los partidos del Trabajo y Verde Ecologista, le permitió un trabajo parlamentario fácil y sin mayores problemas, su circunstancia ha cambiado. Ahora, este partido está obligado a sumar, además de los votos de sus aliados tradicionales, los de varios diputados de la oposición, porque los números no le alcanzan para llevar a cabo reformas constitucionales. Y hay varias de ellas que constituyen ejes fundamentales para la 4T y que el jefe del Ejecutivo no está dispuesto a perderlas.

Los siete partidos de la Legislatura LXV, de acuerdo a las declaraciones de sus coordinadores de bancada, han decidido formar dos bloques. De un lado, los legisladores de Morena con 202 diputados; el Partido del Trabajo con 33, y el Partido Verde Ecologista de México con 43. En la acera de enfrente, estaría el llamado bloque opositor. Una alianza que en poco tiempo enfrentará su realidad para saber que tan sólida y efectiva es, integrada por el PAN con 114 diputados; el PRI con 71; el PRD con 14, y Movimiento Ciudadano con 23.

El partido del gobierno y sus socios suman 278 legisladores. Para lograr la mayoría calificada requerirían contar con 334 votos. Esto es, para llevar a cabo reformas constitucionales, los de la 4T necesitan, forzosamente, conseguir 56 votos de diputados del bloque opositor y el que cuenta con esa cantidad de votos y, un poco más, resulta ser el otrora partidazo, el tricolor, que, impensable hasta hace muy poco tiempo, se puede convertir en partido bisagra, porque ni sumando los diputados del Sol Azteca y de Movimiento Ciudadano se alcanza el número mágico. Y, con el PAN, no cuenta el gobierno.

Pero qué nos hace pensar que el partido que gobernó durante 71 años, ininterrumpidamente, como partido único o casi, no pueda resistirse al poder del gobierno y mantenerse como una oposición digna y firme. Porqué el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió señalarlo expresamente, en sus primeras declaraciones tras los resultados de la elección federal pasada, como el partido con el que podría lograr acuerdos para concretar sus reformas constitucionales. Seguramente el Primer Mandatario tiene otros datos que le hacen pensar que podrá contar con ese partido o, al menos, con varios de sus miembros, los suficientes para lograr su objetivo.

Por lo pronto, hacia el interior del PRI, las cosas no están en su mejor momento. Hay división interna y malestar de la militancia con sus dirigentes por la forma en que se eligieron a los candidatos a los puestos de elección popular, en especial en el caso de las diputaciones federales, tanto en las de mayoría relativa como en las de representación proporcional. Además, de que los resultados electorales del partido resultaron ser de los peores de su historia. De 15 gubernaturas en juego, no ganó ninguna y perdió 8 que gobernaba, que lo dejan con sólo 4 estados bajo sus colores (Coahuila, Estado de México, Hidalgo y Oaxaca). A pesar de semejante desempeño, su dirigencia decidió mantenerse al frente del partido, sin consulta alguna.

La coordinación de la bancada del tricolor en la Cámara de Diputados, por su parte, está a cargo de Rubén Moreira, quien, en la Legislatura pasada, ya dio muestras de ambigüedad en su posición opositora. En el registro de sus votos habría que señalar que no escatimó apoyos a las iniciativas de Palacio. En algunos casos, contra el voto de su bancada, Moreira apoyo las reformas a favor de la Guardia Nacional, de la Revocación de Mandato, de la contra Reforma Educativa, la cancelación del seguro popular, el tope a las remuneraciones, entre otras. Así que, por lo pronto, la 4T sabe que el líder de la bancada tricolor resulta ser un opositor cómodo.

Y, para que vean los de la oposición que hay generosidad en la 4T. El jefe del Ejecutivo ha anunciado premios para algunos funcionarios que concluyeron su mandato como gobernadores. A Quirino Ordaz (Sinaloa) del PRI, lo va proponer como embajador en España, sin duda una de las embajadas más atractivas y al gobernador saliente de Nayarit, Antonio Echavarría de origen panista, ahora alejado de su partido, lo mencionó, sin precisar a que cargo. Por ahí se dice que también para la gobernadora saliente de Sonora, Claudia Pavlovich y para el de Tlaxcala, Marco Mena, ambos del tricolor, puede haber un futuro feliz.

En este contexto, la apuesta más difícil es para quiénes creen que el bloque opositor se mantendrá a pesar de las tentaciones y los antecedentes, y que Morena no lo podrá doblegar, por lo que algunas reformas constitucionales no pasarán.

¿Alguien se anima a apostar?


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