Salud mental: la segunda pandemia


Durante la pandemia por covid-19, los casos de ansiedad, depresión, insomnio, angustia e irritabilidad han ido en aumento, lo cual advierte un foco rojo en la atención de la salud mental.


Cuando compras tu dotación de clonazepam, el vendedor de la farmacia San Pablo, sucursal Roma Norte, te dice que la venta de ese ansiolítico, mejor conocido en el mercado como Rivotril, ha aumentado los últimos meses entre el 20 y el 30 por ciento. Entonces telefoneas al Centro de Salud Mental y Género, en Coyoacán, para saber si la salud mental es la pandemia que se avecina. La doctora Alejandra Buggs, la directora, te dice que esa pandemia, como la del covid-19, ya está desencadenada.


“La pandemia de la salud mental ya está aquí, ya la estamos viviendo, y nos está rebasando”, te dice Buggs y tú le traes a cuenta algunos datos que el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México reveló hace unos días: que en la Línea de la Vida, de enero de 2020 a marzo de 2021, se han atendido 41 mil 412 llamadas, todas relacionadas a estados emocionales, tales como la ansiedad, la depresión, el insomnio, la angustia, la irritabilidad y la tentativa de suicidio. Además de 4 mil 398 reportes por violencia familiar.


Buggs te pone sobre la mesa algunos de los diferentes detonantes psicológicos que la pandemia ha acarreado consigo:


  • El temor al contagio.

  • La vulnerabilidad ante la diabetes, la hipertensión, el sobrepeso u otra comorbilidad.

  • El duelo ante el fallecimiento de familiares o amigos.

  • La violencia familiar.

  • La pérdida del empleo.

  • El exceso de trabajo.

  • El divorcio o la ruptura sentimental.

  • La separación de los padres.

  • La crisis económica.

  • Las clases escolares.

“Todas las instituciones psiquiátricas, públicas y privadas, estamos rebasadas ante los estados emocionales que aquejan a las personas desde el inicio del confinamiento”, te dice Buggs. “Hasta antes de la pandemia, la salud mental era la última prioridad en el sector salud. Hoy hay un mayor interés por atenderla, pero se complica por la insuficiente infraestructura profesional y por la falta de espacios”.

Buggs trabaja con una veintena de psicólogas que atienden a sus consultantes en Iztapalapa, en Ecatepec, en las colonias Roma y Condesa, en San Pedro de los Pinos, o en Guadalajara, Puebla y Querétaro. Y por eso mismo sabe que no existe sólo un grupo vulnerable. “Es la primera vez que todos estamos en el mismo barco”. Es decir: toda la población tiene las mismas probabilidades de perder la cabeza.


“Niñas, niños, adultos mayores, adolescentes o mujeres estamos en riesgo de una crisis emocional”, te alerta y después te cuenta que, en las reuniones con la veintena de psicólogas, han concluido que la pandemia también ha sacado a la luz aquello que se venía arrastrando: las relaciones tóxicas, los sistemas familiares conflictivos, los abusos sexuales infantiles, o las violencias físicas, económicas y sicológicas. “Nos ha tocado ver que muchas parejas se han separado o que las mujeres se sientan atrapadas por convivir en casa con su agresor”.


—¿Se han elevado las tentativas de suicidio?


—Sí, sí se ha elevado. El insomnio, la ansiedad, los fármacos, pero sobre todo la pandemia de las adicciones han detonado este fenómeno. Los hombres, generalmente, lo consiguen más que las mujeres, pero las mujeres lo intentan más.


—¿Y económicamente cómo les va? Un nicho de la salud privada está en bonanza.


—Nuestros consultantes pasaron de siete por día, a diez. La consulta cuesta entre 400 y 500 pesos. Pero no todos o todas pueden pagar eso: tenemos clientes que nos pagan la mitad, o menos. Además, una regla para ser parte de la red es que nosotras también tomemos terapia. Y a mí mi terapeuta me cobra mil 200. No, nos quejamos pero tampoco estamos en bonanza.


En la Clínica de la Ansiedad, ubicada en Lindavista, Luis Fernando Burguete, el director clínico, te dice que el hecho de que hayan aumentado los trastornos mentales no necesariamente significa que estén facturando miles de pesos. “Somos una asociación civil que trabaja bajo la filosofía humanista, y hacemos excepciones con la gente que no tiene dinero”.


Para Burguete, conforme se han apretado las medidas de distanciamiento social, y conforme la gente fue perdiendo sus empleos, las consultas han ido a la alza. “El nulo o poco contacto con familiares o con amigos y la falta de asistir a un lugar trabajo están agudizando la depresión y la ansiedad”, te dice.


—¿Existe algún plan nacional para la salud mental?


—El tema se menciona en las conferencias vespertinas, hay conciencia de este fenómeno secundario que genera la pandemia. Pero acciones concretas no hemos visto. Cada clínica, cada centro, cada institución estamos creando estrategias propias para atender los trastornos.


Tanto Buggs como Burguete coinciden en la suerte de medicalización en la que se ha caído con la pandemia, y que no es otra cosa que el medicar antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos o fármacos para dormir de manera indiscriminada. Y entonces piensas si esta noche te vas a tomar o no el clonazepam antes de dormir.



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