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SIN CONTROL, PRECIOS DE ALIMENTOS Y LA INFLACIÓN DESATADA


Por Ricardo Burgos Orozco 

  


Me toca hacer compras de alimentos y otros productos para la casa de vez en cuando; como consumidor, me sorprende que el precio del kilogramo de manzana esté en 60 pesos, 50 la mandarina y el frijol, 65 el jitomate y 23 la tortilla, por mencionar algunos.  Hace unos días tuve que adquirir también un medicamento cuyo costo desbalanceó mi economía, pero había que tenerlo. 

  

Los alimentos que más han aumentado son aquellos que consumimos más. El jitomate aumentó 25.64 por ciento; la cebolla, 7.16; tomate verde, 8.71; cigarros, 2.35. El periódico El Economista publicó hace unos días que la gasolina en México cuesta 60 por ciento más cara que en Estados Unidos, según especialistas financieros; también la energía eléctrica y el gas doméstico han aumentado de manera sustancial en los meses recientes.    

  

Es cierto que ya no estamos en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, que mal gobernó México de 1982 a 1988. Recuerdo que en aquel tiempo los precios subían casi diario con una inflación galopante de alrededor de 150 por ciento y, por supuesto, los salarios para nada correspondían, lo que provocaba más pobreza en el país. 

  

Ante la ausencia de un ente de comercio interior, la Secretaría de Economía debe regular los precios, pero no ha sido muy claro cómo lo está haciendo. El gobierno implementó un programa que se llama Paquete contra la Inflación y la Carestía (PACIC), que consiste en el establecimiento de precios máximos en 40 de los 60 productos que conforman la canasta básica, pero hasta ahora no veo que haya funcionado, aunque lo presuma el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

  

Se supone que el PACIC controla los precios de otros rubros: la gasolina y el diesel, gas LP y electricidad, además de producción de granos, entrega de fertilizantes y cuotas y aranceles de ciertos productos, pero ahí se nota más la falta de gobernabilidad por parte de la administración actual, con cierta responsabilidad de la oferta y la demanda de ciertos productos de consumo popular.    

  

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó la semana pasada el Índice Nacional de Precios al Consumidor, con una inflación que se ubicó en 4.90 por ciento en la primera quincena de enero, a tasa anual; aumentó 0.49 por ciento con respecto a la quincena anterior. 

  

Para bajar los índices inflacionarios en el país, el gobierno debe tener una política fiscal inteligente para equilibrar los precios y amortiguar el impacto del costo de la vida. Tener una inflación alta, como sucedió en la gestión de Miguel de la Madrid Hurtado, es muy peligroso para la economía nacional, para la gente, sobre todo para quienes menos posibilidades tienen, y más para el gobierno porque seguramente no querrán batallar con el descontento popular. 

  

Recuerdo cuando yo era un niño mi mamá, con seis hijos, decía: cuando menos tenemos para comer frijoles y tortillas. Como están las cosas, en la actualidad una familia pobre difícilmente tiene para comprar frijoles y tortillas. 

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