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¡Ups! Claudia no va a ser la elegida

Por Ricardo Burgos Orozco



En septiembre de 1981 había mucha inquietud en el ambiente político porque estaba previo el llamado en aquel entonces “destape” del próximo candidato priista a la presidencia de la república. Todos sabíamos que José López Portillo era quien iba a decidir, pero la tradición era el anuncio a través de algún sector del PRI: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación Nacional Campesina (CNC) o la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

El 25 septiembre de 1981 no fue como había sido costumbre; se hizo a través de un boletín de prensa desde la sede de ese partido y la nota fue transmitida al aire primero que nadie por Vicente López Segura, en aquel entonces reportero de Radio Mil. Él se acercó a quien estaba redactando el comunicado, leyó en el primer párrafo: Miguel de la Madrid Hurtado, y con eso tuvo para dar la nota antes que ningún otro medio. Él mismo me lo contó y me consta.

Después de 42 años, los tiempos han cambiado más o menos, el PRI ya no es el partido hegemónico de aquel entonces; ahora el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) está en el poder y lleva un camino parecido al del tricolor en su apogeo, aunque aquí la diferencia es que está sostenido por un solo líder, que es el fundamento de toda la organización. Es incierto su futuro sin Andrés Manuel López Obrador.

Hoy en día, la elección del candidato oficial ya no se llama “destape”; desde hace tiempo a los precandidatos, por nominación presidencial, se les llama despectivamente “corcholatas” y ellos se dejan mencionar como quiera porque el objetivo vale la pena. La elección del aspirante a la silla del águila es ahora por una encuesta, que es una simulación porque a final de cuentas, y como siempre, decidirá el presidente de la república, aunque él dice que el pueblo será el gran elector. Además, oficialmente todavía no se le puede llamar “candidato”.

El próximo 6 de septiembre se dará la gran designación del “candidato extraoficial” de Morena entre Claudia Sheinbaum Pardo, Marcelo Ebrard Casaubón y Adán Augusto López Hernández. Los demás que están en la lista son solamente comparsas: Fernando Fernández Noroña, Ricardo Monreal Ávila y Manuel Velasco Coello.

Hasta hace unas semanas, cuando todo pintaba de maravilla en el escenario oficial para 2024, apareció Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz y el escenario cambió. Andrés Manuel López Obrador no se puede dar el lujo de nombrar a una candidata tan débil como Claudia Sheinbaum porque corre el peligro de perder. Ella lo demostró en sus recorridos: cero carisma, fría, seca, poco empática, nada simpática, sonrisa fingida, confrontándose con gente de los medios. La instrucción era defender al presidente y al proyecto, pero exageró porque lo imitaba hasta en el modito de hablar y eso caía mal entre las audiencias.

Además, López Obrador no soporta a una mujer empoderada y contestataria; por eso le gustaba Claudia Sheinbaum porque sabía que se iba a plegar a sus condicionamientos e instrucciones como presidenta cuando las elecciones iban a ser un paseo para Morena, pero el escenario cambió. Ahora el presidente está obligado a nombrar a un candidato competitivo y no es fácil porque el más capaz, Marcelo Ebrard, no lo convence porque sabe que ya en la silla, puede rebelarse y tomar decisiones propias.

El otro que podría ser y que seguramente defendería sus intereses, como los ha defendido hasta ahora desde hace años, es Adán Augusto López Hernández, pero él tampoco es un candidato fuerte porque, igual que Claudia Sheinbaum, quiere ser una mala copia de López Obrador y eso molesta en la gente, tiene muy mal carácter, está lejos del carisma que posee su jefe y amigo y es sospechosa la fortuna que ha demostrado con relojes de lujo de miles de pesos.

Aunque parezca increíble, Andrés Manuel López Obrador tiene un gran conflicto para decidir quién será el candidato de Morena el próximo 6 de septiembre.

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